Las Ayalgas
Son hermosas, pero menos que las Xanas. Su belleza es terrena sin nada diabólico. En definitiva, pertenecen al grupo de mujeres encantadas obligadas a vivir en misteriosos palacios llenos de grandes riquezas, guardados por horrorosos cuélebres (enormes culebras con alas) que parecen escapados del amplio catálogo de los reptiles prehistóricos.
Las Lavanderas
Son también de la misma familia de los Nuberos. Su físico es desagradable; son viejas de rostro reseco y anguloso, que contrasta extrañamente con una cabellera abundante y blanca, semejante a una desflecada cola de espuma. Los ojos agudos se entornan turbiamente, con mirada huidiza. Voz monótona y herrumbrosa. Viven en las orillas de los ríos o bajo las aguas espumosas. Toda su aparente decrepitud desaparece al agitarse febril y regocijadamente, mezclándose con los remolinos de las aguas en las crecidas.
Las Almas en Pena
Muy frecuentes son estas apariciones que con sus quejumbrosas peticiones de misas o reparación de faltas, etc., aterrorizan a los familiares. Los relatos sobre almas en pena suspendían el ánimo, inevitablemente, en las reuniones invernales al amor del hogar.
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