El
rey Fruela, cuarto de la monarquía
asturiana, fue el primer impulsor decidido
de la ciudad, con la construcción
de un palacio y una iglesia cercanos
entre si. Sin embargo, Oviedo le debe
a Alfonso II El Casto (791-842) su
régimen de capitalidad y de
sede regia con el traslado de la corte
desde Pravia y la creación del
Camino de Santiago, fenómeno
capital en la historia de Oviedo. Un
templo dedicado a El Salvador y un
Palacio Real formaron el núcleo
y motor de Oviedo.
En esta época la ciudad se
convierte en el epicentro del Arte
Asturiano, expresión arquitectónica
original y única, heredera de
tradiciones visigodas, orientales y
nórdicas, que culmina con el
reinado de Ramiro I.
El traslado de la corte regia a León,
tras la muerte de Alfonso III El Magno,
vincula la vida de la ciudad a las
reliquias conservadas en su catedral
y al paso de peregrinos que visitan
El Salvador y que continúan
su caminar hasta Santiago. Los siglos
siguientes (XIII-XVI) conocen el desarrollo
de la ciudad medieval, conservada en
su trazado hasta hoy, la construcción
de una muralla, un incendio devastador
la nochebuena de 1521 y la formidable
obra del acueducto de Los Pilares para
el abastecimiento de agua a la ciudad
a lo largo del siglo XVI.
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